Papúa Nueva Guinea: el último paraíso oceánico


Y es que este pequeño país oceánico, situado en la mitad oriental de la isla de Nueva Guinea, fue uno de los últimos lugares a los que llegó la colonización europea, y pese a todo aún hoy son muchas las tribus que se mantienen tal y como vivían hace siglos, manteniéndose una diversidad difícilmente visible en otros países de los alrededores como su vecina Australia, que tiene otro tipo de atractivos para el turismo.
A pesar de la escasa población, de unos 7 millones de habitantes, se han contabilizado hasta 848 idiomas distintos, de los cuales siguen hablándose 836. Esto se debe a la difícil geografía del país, que ha provocado durante siglos la descentralización y consiguiente diversidad de poblaciones con costumbres y lenguas diferentes. Esto se une a la escasa urbanización y a la forma de vida tradicional llevada a cabo en gran parte de la isla.40120235_1cdb1470db_zTodo esto, a pesar de ser una complicación para la modernización es también la característica que le diferencia de los países del entorno y que hace que el sector turístico este en alza aunque actualmente es la minería la que aporta casi 4/5 de su PIB gracias a los yacimientos de petroleo, cobre y oro.
La gran belleza natural de Papúa Nueva Guinea se debe al gran desconocimiento que se tiene de este lugar. Los colonizadores europeos no profundizaron demasiado en su exploración, quedándose en las zonas de costa, por lo que actualmente muchas especias de plantas y animales están por descubrir a ojos occidentales.
Casi cada una de las diferentes tribus tiene su propio idioma, y a pesar de que unos de los tres idiomas oficiales es el ingles, sólo se habla en las ciudades, donde vive aproximadamente el 20% de la población.
Los paisajes son muy diversos, habiendo zonas selváticas y montañosas en el interior, y con una gran costa bañada por el Océano Pacífico con barreras de corales casi desconocidas entre la numerosas islas que también pertenecen a su territorio.
Papúa Nueva Guinea cuenta con algunos puntos de gran interés que es casi obligatorio visitar si viajas al país, como por ejemplo el antiguo sitio agrícola de Kuk, cuyas excavaciones arqueológicas demuestran como ha evolucionado la agricultura de la zona desde hace unos 7.000 años.
El sector del turismo no se ha explotado de forma masiva, lo que contribuye a la conservación del patrimonio y permite que la población viva según sus costumbres ancestrales, ofreciendo una experiencia que en otros lugares paradisíacos ya no es posible por la enorme afluencia de visitantes y la consiguiente transformación del entorno, adaptándose a la demanda del turismo.
Papúa Nueva Guinea es por tanto un destino ideal para viajeros aventureros que tengan ganas de conocer un país muy variado y diverso, con gran cantidad de culturas diferentes y todas y cada una muy diferente a lo que puede estar acostumbrado el turista occidental. Es una parte del país que aún está por descubrirse, y es de agradecer este desconocimiento general gracias al cual se puede disfrutar de una experiencia única, sin haber sufrido la explotación turística de otros destinos como por ejemplo Cancún, y que probablemente llegue y haga perder al país parte de su encanto.

Lagos insólitos en Australia

Cuando nos hablan de Oceanía nos vienen varias imágenes a la cabeza: la Gran Barrera de Coral, los koalas, los canguros, Cocodrilo Dundee… Pero lo cierto es que al otro lado del mundo hay un continente plagado de curiosidades, ideal para los que quieran realizar un viaje un poco más exótico. Hoy vamos a hablar de dos interesantes lagos australianos. Pero solo para ir abriendo apetito, porque Australia da para una enciclopedia.

El lago Eyre es una extensión de agua que, cuando aparece, puede presumir de ser el lago salado más grande del mundo. ¿Cuando aparece? Sí, precisamente ahí estriba su singularidad, en que de vez en cuando se seca. Vale que estamos acostumbrados a ver embalses con más o menos agua, ríos cuyo caudal se ve reducido considerablemente, etcétera. Pero que desaparezca un lago que en sus momentos álgidos (cuatro veces cada cien años, aproximadamente) ocupa una extensión de 10.000 kilómetros cuadrados (para que nos hagamos una idea: el tamaño de la comunidad de Navarra o la provincia de Soria), hace que la cosa cambie.

Con la temporada de lluvias, los ríos Neales, Macumba y Barcoo hacen que el pequeño conjunto de lagos se convierta es un espectacular oasis. Aunque verlo completamente lleno es más complicado, cuatro veces cada cien años, como ya hemos dicho; y la última fue en febrero de 2009.

El otro lago australiano del día es el Gippsland, en Victoria. Gracias a una reacción química conocida como bioluminiscencia, que se debe a la presencia en el agua de determinados microrganismos vivos que producen luz, este lago brilla en la oscuridad. En la fotografía, realizada por Phil Hart, puede apreciarse el fenómeno, especialmente significativo cuando se tomó esta y otras imágenes, debido a una mayor concentración del microrganismo responsable, el Noctiluca Scintillans, comúnmente conocido como chispa de mar.

Impresiona, ¿verdad? Ya decíamos al principio que Australia da para una enciclopedia…