Sidi Bou Said y otros encantos de Túnez

Sidi Bou Said es una de las ciudades más bonitas de la República Tunecina. Todas sus casas tienen blancas fachadas y sus puertas y ventanas están pintadas de color azul, color que trae buena suerte según la tradición árabe. Se encuentra en lo alto de un acantilado, mirando hacia el Golfo de Túnez.

En la calle principal hay un gran zoco de souvenirs, en el que numerosos vendedores reclaman al turista para vender pañuelos, rosas del desierto e infinidad de objetos. A veces, pueden resultar agotadores, pero es prácticamente obligatorio regatear el precio.

Entre las muchas cafeterías, destaca el Café des Nattes, en el que se puede tomar el típico té con piñones mientras disfrutas de unas vistas sensacionales. Oscar Wilde o Paul Klee son algunos de los muchos artistas que encontraron inspiración en este rincón tunecino.

Rodolphe D’Erlanger popularizó Sidi Bou Said en 1912, cuando construyó un espectacular palacio, convertido hoy en el Centro de Músicas Árabes y Mediterráneas, momento en el que muchos tunecinos quisieron convertir esta ciudad, en la que el olor de los jazmines inunda sus calles, en su lugar de veraneo. No pierdas tampoco la ocasión de ver la Mezquita y el Faro, del siglo IX.

A poca distancia se encuentran las ruinas de Cartago, una de las ciudades más importantes del Imperio Romano, Patrimonio de la Humanidad y otro lugar que merece la pena visitar. Del resto del país, destacan el anfiteatro de El Djem, la mezquita de Monastir, la kasbah y el bazar de Sousse, la mayor y más antigua mezquita del occidente islámico en Kairouan (considerada Ciudad Santa del Magreb y declarada Patrimonio de la Humanidad), los restos romanos y bizantinos de Tozeur (ciudad que ha servido de escenario para La guerra de las galaxias y El paciente inglés), los espejismos de Chott el Jerid (el gran lago salado), las casas trogloditas de Matmata y un largo etcétera.

En cuanto a su gastronomía, es la propia de El Magreb, aunque tiene notas propias e influencias de los pueblos que han habitado la tierra (bereberes, árabes, moriscos, turcos…). Una de sus señas de identidad es la diversidad de los condimentos y especias que emplea: comino, azafrán, hierbabuena, cilantro, canela, cúrcuma o pimentón, entre otros. Un país al que ir… Y volver.

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